En Carro, con Hopper.

Untitled 1925

Teníamos un evento importantísimo. La dirección decía 100 Lyme St, Old Lyme, Connecticut. Lo buscamos en el mapa y calculaba 2:14 minutos en carro, desde nuestra ubicación en Nueva York.

Me pasa desde niña, que libros o imágenes de cuadros y películas se apoderan de mi. Eso me hizo acreedora del calificativo de “despistada” o “aérea”. Mi mamá me decía que tenia la cabeza en las nubes…la verdad , me lo sigue diciendo.

Nuestro carro venía con GPS, lo que permitió que mi tarea de “copiloto” quedara reducida a mirar por la ventana y a comerme los snacks que habíamos comprado para el camino. Fue inevitable, Hopper y Baudelaire se apoderaron de mi.

Realmente no fue casualidad, habíamos estado el día anterior en el Whitney Museum y visto muchos de los cuadros de Edward Hopper. Había leído hacia un tiempo también una biografía de Baudelaire, de quien este gran pintor americano, era un gran admirador. Es la poesía de Baudelaire, la que dicen inspira a Hopper a dedicar seis meses cada año a recorrer EEUU en carro en búsqueda de escenas y lugares que pintaría en los meses restantes.

Baudelaire* por su lado, era un viajero frustrado, se lo puede notar en sus poemas . Incómodo desde su infancia de haber nacido en Francia, cualquier otro lugar le resultaba mas atractivo. Soñaba con abandonar su país e ir a otro muy lejano o a otro continente que no le recuerde su cotidianidad.

“Carriage, take me away with you! Ship, steal me away from here!

Take me far, far away. Here the mud is made of our tears!”

Como artista, Hopper esta con frecuencia plasmando en sus cuadros situaciones relacionadas con viajes y el estado de ánimo que embarga a los viajeros. Sus personajes, son gente que parece estar invadida de melancolía y esperanza a la vez. Percibe que cuando las personas estamos en tránsito nos volvemos mas vulnerables, pero también más claras. Como si la transición nos ayudara a poner las cosas en perspectiva. Los aeropuertos y las estaciones de tren tienen una energía especial ¿o no?

La parada obligatoria a poner gasolina me aterrizó momentáneamente. Hambre no tenia, así que me dediqué a mirar la gasolinera y desde las ventanas a la gente sentada almorzando. La gasolinera era arte a la Americana puro, tenia todos los méritos para de ser pintada por Ed Ruscha o por el propio Hopper. Le tomé una foto.

 

Entré a la plaza de servicio y en el comedor cada rincón parecía un cuadro. Casi 100 años después y en otro siglo, las expresiones de las caras de los viajeros seguían vigentes. En una mesa una señora frente a un vaso enorme de Coca Cola, mordía el sorbete y jugaba con las llaves de su carro distraída. Traté de imaginarme a donde iba, si iba con ilusión a un lugar nuevo o si venia de una dolorosa despedida. Las caras ligeramente desdibujadas de Hopper, motivo de crítica de muchos, pero tan decidoras de los sentimientos mezclados de soledad, ansiedad e ilusión de los viajeros, ahí al frente mío comiendo Mc Donalds. A cuatro mesas un señor joven, con uniforme de una compañía de transporte. Supuse su trabajo era siempre lejos de su casa, estar de tránsito su forma de vida. Seguramente manejaba muchas horas diarias y este era su momento de descanso. No descifré en su cara su estado de ánimo, quizá cansancio. Quizá esperanza. Todos ellos eran dignos de un cuadro de mi pintor. ¡Que pena no tener su talento!. Me quedo con la imagen mental y se las cuento a ustedes lo mejor que puedo.

Tomé varias fotos mas, haciendo un esfuerzo porque se note en algo aunque sea mínimo que me inspiro ese genio.

Retomamos nuestra marcha y atrás quedo la gasolinera de Hopper y de Ruscha,… los poemas de Baudelaire. En Old Lyme, no lo sabíamos, pero nos esperaba Neruda.

*Ahora que lo pienso Flaubert también era un renegado de haber nacido Francia…¿epidemia de histeria entre los Franceses del Siglo XIX o coincidencia?    On our way to Old LYme

 

 

 

 

 

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