La Filosofia detrás del Run Away Party

“No somos seres materiales en busca de una experiencia espiritual, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”       Pierre Teilhard de Chardin

Esa frase me cambio para siempre. No fue un cambio inmediato. No amanecí cambiada luego de leerla. Pero resonó en mi cabeza por meses….. por años. Le di la vuelta, la repensé, la cuestione y en ese proceso fui cambiando; porque fueron otras las decisiones que empecé a tomar.

Si lo que somos esencialmente es espíritu, si esa es nuestra cualidad inamovible y eterna. Si estamos aquí en la tierra temporalmente para enriquecer al espíritu con las experiencias humanas, con la vida terrenal, ¿Porqué impedírselo? ¿Porqué satanizar la calidad humana? ¿Porqué demonizar al otro? ¿Porqué prohibir vivir intensamente? ¿Porqué castigar constantemente al cuerpo? ¿Porqué condenar las experiencias placenteras? ¿Porqué descalificarlas? ¿No se enriquece el espíritu con la belleza? ¿Porqué prohibir disfrutar de la vida? ¿Porqué condenar lo material? ¿Porqué hemos entendido que el sufrimiento es el único que engrandece? Entendiendo sí, que ese disfrute es uno generoso, solidario y compasivo. No a costa de pisar los derechos del otro, ni de injusticias. La verdadera alegría sólo existe compartida, pensar en lo contrario es confundir la esencia de la felicidad. Un disfrute honesto, sin trampas, sin pretender ganar. Sin intención de dañar, ni perjudicar. Un disfrute producto de la armonía y de la integración, de entender que la felicidad del otro es la mía también.

El sufrimiento es una realidad, es parte de la vida. Es inevitable. Las despedidas, el dolor físico, la muerte, los finales, nos van a ocasionar sufrimiento a todos. No es necesario ir buscar sufrimientos. Las experiencias dolorosas existirán y el dolor nos enseñara, lo que nosotros nos permitamos aprender. El espíritu se enriquecerá de ese aprendizaje. Nadie lo duda, nadie lo cuestiona. Fabricarlo, no lo entiendo.

Las alegrías por otro lado estarán también, nos tocaran la puerta suavemente varias veces al día. Las dejaremos ir sin invitarlas a pasar, porque las sentimos frívolas, vacuas, vanidosas; porque nos hemos programado para valorar solo el sacrificio y las penas. Cuantas alegrías perdidas para siempre… ¿No será vanidad extrema? ¿no será falta de humildad aceptar que algo simple y mundano nos hace bien? ¿No será que el miedo y la culpa nos someten y guían? ¿No será que nos falta amor? Para nosotros mismos para empezar… ¿No será que sin darnos cuenta, ese regalo divino de la experiencia humana, material e imperfecta, la desmerecemos y desperdiciamos?

Si nuestros espíritus solo van a tener una oportunidad. Si estar vivos es una excepción. Si hay solo una vida material para enriquecerse, para alegrarse, para entender lo complejo de lo humano, lo difícil de lo imperfecto, lo humilde de lo finito, lo valiente de los finales. Lo frágil. Lo simple. Lo contradictorio de la experiencia humana. ¿No será de callar a esa voz que esta siempre interrumpiéndonos?