Cambiando el mundo de a poco… (o intentándolo)

El poder de cambiar al mundo lo tenemos todos, no creo hace falta ser héroes, ni santos, no hace falta ser poderoso, ni rico. Basta con hacer cada cosa de nuestro día, aun aquellas pesadas, aburridas e insignificantes con amor extraordinario, como sugería Madre Teresa de Calcuta. Yo no siempre puedo, con frecuencia me dejo llevar por la pereza o el mal ánimo, pero lo sigo intentando.

Solo el hecho de reconocer la existencia del otro, como un ser humano igual y sensible, hace una diferencia en la autoestima de los demás. No es posible resolver los problemas de todos los que nos rodean, pero si los podemos hacer sentir vivos, humanos, importantes y queridos.

Me he animado, sin considerarme experta ni mucho menos, a hacer una lista de actitudes cotidianas, que podemos asumir todos para hacer una diferencia:

  • Reciclar: No es complicado. Basta con comprar dos tachos de basura extras y acostumbrar a los miembros de la familia a botar en uno todo lo que sea plásticos/vidrios y en otro papel/ cartón. Ese pequeño esfuerzo ayuda no solo a cuidar el medio ambiente, sino que a las familias que viven del reciclaje, les ahorra el duro trabajo de escarbar en nuestra basura.

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  • Ser un Consumidor Informado y Responsable:  Hacer preguntas, saber de donde vienen nuestros productos y como se elaboran. Al comprar escoger los productos que se fabrican con consciencia social. El sello de “Fair Trade”, es un ejemplo, este consta en el empaque del producto o en el establecimiento y certifica que la compañía paga por los insumos el precio justo, de manera que al comprarlo apoyamos el desarrollo de los pequeños agricultores y sus familias.
  • Deshacernos de lo que no usamos. Aplico dos reglas en mi casa: 1) Si no lo he usado en 6 meses lo dono. 2). Si compro uno nuevo, regalo uno anterior.
  • Exponer a los niños de nuestro entorno al arte, suena irrelevante pero no lo es. El arte, es el alimento del alma, enriquece nuestras vidas de formas insospechadas, nos abre las puertas a un mundo lleno de satisfacciones gratuitas. Una persona que gusta del arte tiene mas posibilidades de divertirse sin necesitar de la violencia, ni de dinero. El arte nos expande la mente, nos vuelve mas tolerantes, mas respetuosos y flexibles. Leerles, llevarlos a ver buen cine, visitar con ellos museos o simplemente hacerles notar la arquitectura de una ciudad, son suficientes para que en ellos nazcan inquietudes que permanecerán siempre.
  • Donar tiempo y dinero, pronto en el blog tendré varios links de fundaciones que hacen labores extraordinarias y que se beneficiarían mucho de nuestro apoyo.