Basquiat en Euskera

“Créanlo o no, sé dibujar” se leía en la pared.

La atracción principal era el edificio del museo en si. El Guggenheim, construido por nadie menos que Frank Ghery, si la tele-transportación fuera posible lo habríamos conocido el día en que se inauguró. Luego de analizar cada ángulo, cada curva impensable, cada pared insostenible (todas pruebas de que “ensayar con lo absurdo consigue lo imposible” como decía Unamuno) pasamos al postre: Jean Michel Basquiat.

De entrada, un cuadro montado en pedazos de tabla reciclados por el propio pintor, usado por marco. Un carro, un accidente, un niño herido. Trazos toscos, como dibujado por un alumno del jardín de infantes. Sin embargo me impacta. Oigo a un señor que a mi espalda reniega a su mujer de que lo hayan traído a ver “eso”. Me río sola.

Dos cuadros mas allá, preguntándome quién será la autoridad que clasifica a los genios de los fraudes y además, quién decide quién es la autoridad que decide, pienso que los dueños de la verdad (y la gente de ideas fijas) me ponen nerviosa.

En eso, unas vocecitas en euskera me hacen voltear a la puerta del salón y veo a un grupo de niños de mas o menos 4 años entrando educadísimos de a dos. Todos vestidos con delantales a cuadros y ojos curiosos enormes, se sientan. Siempre muy correctos y frente a un cuadro, la profesora les empieza a dar explicaciones en euskera. (Durante la era de Franco, el idioma oficial de los Vascos fue prohibido, por lo que muchos de los habitantes del lado Español no lo hablan, en un intento de recuperarlo, han vuelto a enseñarlo en las escuelas)

La profesora les habla con gestos entusiasmados y los niños siguen sus manos hipnotizados. Avanzo al siguiente cuadro, de fondo esta la voz de Martin Luther King dando un discurso. Noto en la parte inferior de un cuadro una palabra tachada, recurso que usaba Basquiat cuando quería llamar la atención hacia esta. Curioso que siendo tan joven haya descifrado la condición humana. Curioso también lo infalible de nuestra memoria cuando se trata de tachones en paginas de vidas ajenas.

Escucho por el auricular que me guía por la exposición a Lisane Basquiat, hermana del artista, contando que Jean Michel tenia un carnet del Museo de Brooklyn desde los 5 años. Los Basquiat, por ser de origen, haitiano/portorriqueño hablaban y escribían perfectamente además de en inglés en francés y español. Y si bien su familia no era de mayores recursos económicos, su mama se esforzó por exponerlos al mundo del arte y la literatura desde pequeños. De hecho fue ella quien le regaló el libro “La Anatomía de Gray”, cuando fue hospitalizado luego del accidente de tránsito que sufrió de corta edad. Mucho de su arte fue influenciado por este libro así como por libros y dibujos de Leonardo Da Vinci.

Los niños han pasado a otro cuadro ya. Uno grita: ¡¡Hortza!! ¡¡Hortza!! Anoto la palabra para buscarla luego en el diccionario. Otro dice: “Tuberia” y señala el intestino delgado delineado en el cuadro.

Me parece increíble lo interesados que están en su arte. ¿Que clase de genio hay que ser para contar tu historia sin hablar?¿Cómo consigue un artista de las calles de Brooklyn entusiasmar a un niño de Bilbao? ¿Cómo hace para no perderse en la traducción del ingles al euskera? ¿Habrá quien hable el idioma de los colores? ¿De lo relativo? ¿De lo mundano? ¿Del dolor? ¿De la alegría? ¿De la injusticia? ¿De la impermanencia? ¿De los sueños? ¿Conseguirá Basquiat hablarles en euskera? ¿En Castellano? ¿En olvidado? ¿En anarquista? ¿En transgresor? ¿En tirano? ¿En humano? ¿Podrá un vasco del milenio entender el grafiti de un cadáver de los 80? ¿Habrá algo en común entre la historia del nacionalismo con la del racismo? ¿ Será parecido ser apartado que marginal? ¿Marginal que renegado? ¿Será que Basquiat hablaba también en vasco?

Me acuerdo del carnet. Ojalá entre estos niños haya un futuro artista.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *